A veces

8 12 2009

Se suele entender por soledad al aislamiento o confinamiento. A la falta de contacto con otras personas ocasonada por diferentes causas, como la propia elección del individuo, enfermedad, hábitos socialmente inaceptados u otras. Los síntomas de la soledad impuesta frecuentemente incluyen ansiedad, alucinaciones, o incluso distorsiones de la percepción y del tiempo. Los jóvenes suelen adaptarse mejor a la soledad que las personas mayores. Pero personalmente prefiero pensar en la soledad no tanto como en el hecho de no tener a nadie a tú lado, sino como en el no poder hablar de lo que te preocupa con la gente que sí que tienes a tu alrededor.

Como introducción diré que a veces las grandes ideas necesitan un pequeño empujón para ponerse en pie. Y lo olvidé. Y ese fue el primer asunto del que debí preocuparme y esperar una rápida y efectiva solución. A modo de S.O.S, como un arreglo, amor, desamor u otra chapuza a domicilio. Tengo que confesar que sí, que me dejé llevar, como si empezara de cero. Como si estuviera abierto todos los días del año. Como una gran imagen viajera. Por enésima vez. Y además no sabía si empezar o si finalizar. Ni siquiera sabía qué hacer.
Así que cogí mis cosas, las doblé en la maleta y me puse las gafas de sol. Para un día nublado. Muy propio en mí, caminando como si nada pasara. Y mirando como si fueran los demás los que hubieran perdido. Entre tanto comencé a contar mis pasos, multiplicados por dos. Eterno juego… Y volví a caminar mirando el suelo, como en esos días donde sin saberlo era el amo del asfalto, con esa mirada y esa sonrisa que solo unos pocos podían causar. Pareciendo un extraño. Manteniéndome firme. Con la espalda levemente encorvada y el cigarro en la mano.
Así que comencé a pensar, ya bastaba de observar lo que no se va. “For whom the bells tolls”, una calada profunda y ya solo sería cuestión de esperar que surgiera. Animado empecé a recordar con añoranza esas nostálgicas palabras del “jefe”. El que sin saberlo me hizo tanto daño y a la vez tanto favor. Y claro que sí, aparecieron a su lado todos los demás, tal y como los vi juntos la última vez, con aquellas sonrisas, con aquellas ropas. Con sus gestos, sus miradas incondicionalmente aprobadoras. Con seguridad. Y con su respaldo.
Inconscientemente se me metió una frase en la cabeza que pensé no recordaba tan bien. -¿Y sabes eso de que dos personas están preparadas para dárselo todo si a alguna de ellas les sucediera algo que les impidiera volver a hacer una vida normal y la otra aún así volviera para hacerle el amor estando a su lado?-. Quizás, me dije para mí mismo, pero no quería decir eso.  De nuevo surgió otra frase dentro, como un eco metálico. -¿Y aquello de que antes de que parpadees volveré a por tí? ¿No? Cierra los ojos y aléjate antes de que me eches de menos y esté a tu lado-. En ese momento volví a respirar, por placer. Necesitando un fin, como un desenalce. Y también me pareció escuchar la voz. -¿En nombre de qué se parece tanto al sueño? ¿Vamos a la azotea? Puede estar de puta madre… ¡Volveremos confundidos…!-. Ya estaba llegando, y me propuse elegir el recuerdo más leve, la frase mas desacogedora posible, para cortar el hilo. Y la elegí. Sin duda alguna. Mi favorita. Decía algo así como -en fin, si no te importa cierra la puerta al salir. Y no te equivoques, estas frases no curan cicatrices, aunque lo quisieran. Sólo aprendes a vivir con ellas. Y si como dicen la vida es un sueño, prefiero despertarme contigo-.  Así me planté en mi destino. Con el corazón ajitado y los ojos brillantes. Tragué saliva. Abrí la cancela. Y allí estaba. De nuevo. Donde siempre… Y por muchas primaveras. -Un, dos, tres y…-





¿Y yo qué?

25 10 2009

“Todo hombre que conozco es superior a mí en algún sentido. Y en ese sentido, aprendo de él. Estoy tranquilo, como cuando te fumas un cigarro en el silencio de la madrugada, antes de entrar en casa. Te necesito, y no sé quién eres.”

L.- A veces pienso que nunca te ha pasado… No sé hacerlo de otra manera…

C.- Mi vida, déjalo ya, no ves que te estas haciendo daño?

L.- Lo sé…  ¿Porqué no dejas que esto acabe y vuelves por donde has venido?. Ya sé que no es el momento. Y me parecería un triste final.

C.- No sé…  Puedes hacer como siempre haces. Pero no te maltrates así.

L.- Necesito verdades… Un día verás que de poco me olvido. Y que poco me equivoco. Aunque escriba y no disimule, no tengo nada para impresionar. Sólo te pido que me dejes el timón para que lo que me lleve al final sean mis pasos, no el camino.

C.- ¿Y si lo consigo? ¿Y si lo encuentro?

L.- Ya no creo en ese día… además, si llega, ¿cómo lo reconoceré? Cuando no estaba tan lejos sólo parecía un momento.

C.- ¿Sabes? No pierdas más tiempo en lo mismo… ¿No aprendes? Vale. Si quieres seguimos después, prométeme que no harás tonterías vale? Levanta la mirada si vas a seguir sangrando por el mismo lado. Deberías cuidarte eso…

L.- Deberían mirarme tantas cosas…A veces pienso si hubiera sido mejor no haberlo pedido nunca. A lo mejor estaría durmiendo como un recien nacido.  … Está bien… ya sé qué hacer…





hold your color

20 10 2009

¿Tus mentores o guardianes tuvieron las mejores intenciones de ayudarte a convertirte en una criatura sana y feliz? ¿En un miembro productivo de la sociedad? ¿Su intención era enseñarte a ser bueno y honrado pero inconscientemente quizás, te enseñaron a albergar ideas limitantes que no te ayudan a respetar y a aceptar a los demás tal como son?

Indirectamente tus valores y creencias han sido elaboradas por el contexto en el que vives. Tus ideas fueron influenciadas mayormente por lo que aprendiste acerca de donde vienes, del color de tu piel, tu religión, las opiniones socio-políticas de la sociedad y las creencias de tus antepasados entre nosotros. Aprendiste de otros quien eres, en que pensar y en que creer. Que las ideas de tu gente son las correctas; las únicas que te traerían seguridad y felicidad. La mayor parte de nosotros nunca nos cuestionamos nuestros valores y creencias y quien alguna vez se cuestionó o actuó de forma diferente a lo establecido, posiblemente fue desechado.
Esto limita el crecimiento. Mantén el enfoque en ser parte integral del mundo.

Recueda que eres parte del universo, de todos sus componentes y viceversa. Utiliza las energías positivas para tu propia ventaja y toma esta oportunidad para ofrecer algo bueno de tí a los demás. Abre tu mente a ideas y acciones positivas. Admitete tus miedos y errores y haz un esfuerzo para rectificarlos cuanto antes. Recuerda que mantener tu mente y corazón abiertos ayuda a sanar ya que tu cuerpo por naturaleza quiere liberarse de todo lo malo que lo afecta. Recuerda que los prejuicios, las actitudes y las acciones negativas muchas veces están basadas en ignorancia. Edúcate antes de formar una opinión acerca de un tema o posición y no te preocupes si otros juzgan tus ideas pues éstas tendrán la fuerza del conocimiento tras ellas.  Permite ser un instrumento con el cual el mundo a tu a alrededor encuentre fuerza y entendimiento.

 





No digas No

23 09 2009

Todos sabemos que lo que sube baja. Pero, qué bueno es cuando sube..





28 08 2009
tOtEkIng

tOtEkIng





Miedos

24 07 2009

Hace poco escuché decir que enamorarse es un acto reflejo, como tener miedo. Es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento desagradable provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente o futuro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o amenaza. Pero no creo que sea malo tener miedo. Quizás lo malo es dejar que domine tu vida. Porque entonces no tendrás vida. Sólo miedo.

Yo tengo miedo. Tengo miedo de lo que no tengo. De lo que tuve y de lo que sé. Tengo miedo de saber que sólo muere lo que olvidas. De saber que todo tiene fecha de caducidad. De saber que abrimos heridas para volver a casa confundidos y poder dormir. Miedo de ver hombres vestidos de personas. De volver a pedir lo que nos quitan. De hablar por hablar. De dejarse llevar. Miedo a empezar a imaginar mientras escuchas. Miedo a volver a creer. Miedo de los trenes que sólo pasan una vez. Miedo de hacerlo mal. De bajar antes de tiempo, en medio de la nada, sin saber quién pasará, a dónde ir o qué esperar. Miedo de encontrar a las personas indicadas. De imaginar que es posible revivir tus propios actos hasta el infinito, de vivir más intensamente. De no dejar cosas por hacer. Porque las cosas no suceden por que sí. Porque me agrada pensar que todo forma parte de un plan. Miedo de los animales heridos. De no decir nada. Del miedo. De las costumbres. De los patrones. De que se apague la música. De las miradas. Y de los Lunes. De los Domingos por la tarde. De los cambios. De no soñar. De no recordar. De no recordarme. De cambiar. De olvidar mis pasos. Mis formas. Mis propósitos. De perder a los verdaderos amigos. Los que no tienen porque acompañarte en tus buenos o malos momentos. Sino los que cuando olvidas tu camino, están ahí para recordártelo. Para hacerte daño a los ojos. Porque si no tienes miedos, ¿qué tienes?





En el ruido de las noches

19 07 2009

El fenómeno blog está arrasando en la actualidad. Hace unos años era impensable que de una manera tan fácil pudiéramos tener gratis nuestra propia página en la web. Hoy día esto es posible de una manera más o menos plausible. Algunos los utilizan para hablar de sus vidas. Otros hablan de su banda de música. Incluso se promocionan productos o empresas.

Pues bien. Este blog no es por placer ni por negocios. No promociono ningún producto, al menos remunerado. No tengo una banda de música. Y no, tampoco pretendo hablar de mi vida. Este blog nace por necesidad. Porque la gente no está bien y porque creo que tú tampoco. Porque creo firmemente que no siempre es fácil decir lo que piensas. Porque creo que hay cosas que no se ven y que nadie cuenta. Que hay cosas que no decimos, que no hacemos. Que no pensamos. Y son este tipo de cosas las que hoy sigo buscando en el ruido de las noches.